miércoles, 29 de febrero de 2012

Un sólo calcetín.

Entró despacio en el café.
Creaba un leve murmullo a su paso.
Vestía un solo calcetín y llevaba el jersey remangado.
Sonreía de forma asimétrica, con una comisura más alta que la otra y, al hacerlo, uno de sus colmillos asomaba por la parte izquierda de su boca.

viernes, 10 de febrero de 2012

Deshaces.

No entiendo por qué cada vez que intento escribir en mi cuaderno de tapas azules llegas tú, sigilosamente, y deshaces cada uno de mis trazos haciendo desaparecer con ellos mis palabras, mis anhelos y mis ganas de todo sin ti.

martes, 7 de febrero de 2012

Toxicidad crónica.

Tienes cara de hacer ruido.
Te encuentro, a veces, intentando salvar al oboe de la soledad de un cuarteto de traveseras.
Te llenas de acordes mientras te espero en el segundo anfiteatro.
Tus pies han focalizado las olas del mar y caminas sobre las crestas de las olas.
Sólo existe ruido desde que estás tú.
Mis ojos sólo escuchan los golpes de tu guitarra, mis labios recuperan cada una de tus notas que se lleva el aire.
Mis manos sólo leen lo que escribes tú y mi corazón sólo se llena del aire que le robas al respirar.
No sé cuál será el nivel de toxicidad que le has aplicado a tu ruido. Pero lo que sí que tengo claro es que a mí me tienes intoxicadita perdida.

Yo lo llamo toxicidad crónica.

jueves, 2 de febrero de 2012

Relojes.

Lo único que no me extrañaba de ti era que, de noche, pasearas por la arena que contienen los relojes.


martes, 31 de enero de 2012

Salitre y Mar.

Te observo.
¿Me escuchas?
Bajas las escaleras.
Me miras.
Bailas despacio entre la arena.
Tus pies dejan su huella en el camino.
El mar.
Las olas.
Tú.
Un cuaderno.
Te observo.
Tú.
Te sacias de mar.
El salitre se desborda en ti.
¿Cómo lo consigues?
Todas las olas te confían sus secretos.
Me miras.
Hago como si no te hubiera visto.
Es inútil.
Los pies reconocen sus huellas en cualquier camino por el que hayan pasado.
Aunque éstas hayan sido borradas..

Llegas.
No te vayas más.

martes, 10 de enero de 2012

Conviertes..

Conviertes mis historias en relatos incorpóreos sin un rostro en el que detener la mirada.
Reduces la tinta perecedera de mis lápices a meros garabatos lanzados en el aire sin consideración alguna.
Vistes una goma que se dedica a pisar cada trazo que mi lápiz va dibujando con detalle y esmero. Lo pisas, borrándolo, y no dejas nada de él, ni siquiera ese punto que forma el inicio de toda recta que se precie.

Qué distinto sería todo si, en vez de gastar tu tiempo en boicotear cada una de mis acciones, decidieras acompañarme y gastar, conmigo, lápices, lápices, lápices.. y más lápices. Y gastáramos tantos lápices que dejáramos sin bastimentos al país.



domingo, 8 de enero de 2012

Vértigo.



Siempre preferiste caminar que correr, porque caminando tus pies siempre estaban en contacto con el suelo; en cambio, cuando corrías, había siempre un instante en el que tus pies se separaban de la superficie durante milésimas de segundo.
- ¿Qué me importa que sean sólo milésimas de segundo? Yo tengo vértigo. – Me confesaste una vez.