Aún recuerdo cuando me enviaste aquellas Cartas Desde El Círculo Polar contándome todo tipo de historias, como aquella de las Sirenas que vivieron de cerca La Tragedia Del Señor Del Submarino.
Recuerdo, también, cuando sólo podías hablar de la Magia que transformó aquella Crisis De Luz en hermosas Luces De Neón.
Cómo me gustaba cuando me decías: “esa forma en la que Fluyes te hace Estereoscópica ante mí” y yo sólo podía cerrar los ojos e imaginar el abundante caudal del Pacuare y Tú recorriéndolo a mi lado.
Me secaste cuidadosamente las lágrimas e hiciste de los Restos De Mi Verano una Canción A para descargar de la forma más bonita posible toda la ira que inundaba mi ser; para recomponer los pedazos que guardaba, rotos, dentro de mí.
Tú, que fuiste el preludio de Los Mejores Años De Mi Vida.
Tú, y las partículas que escaparon de las Fisiones Nucelares que tuvieron lugar dentro de mí cuando advirtieron tu presencia.
Tú, y la sensual forma en la que tus labios pronunciaban las palabras ‘Cosas Nuestras’.
Tú, que me enseñaste a pintar en cada hoja en blanco que encontraba Dos Puntos Sobre O cada vez que necesitara sentirte más cerca de mí. (Eso siempre me hacía sonreír.)
Tú, que sufrías al creer que me contabas Cuentos Para No Dormir cuando lo único que salió de ti fue la canción más hermosa, nunca antes escrita, en forma de una apaciguadora nana que envolvía todo de un negro inquietante y transformaba esos cuentos en mi Nana Noir; pasarela a un mundo de ensueño.
Tú y tu idílica manera de castigarme diciendo que crearías un ejército, El Ejército De Los Catadores De Sión – decías que se llamaría –, el cual sería capaz de inventar, al menos, setenta y cinco Peripecias Y Otros Trucos Tontos Para Escapar De Mí.
Tú, que una vez me dijiste: “Quiero que vivamos para siempre en este bucle infinito; tú, yo, y este Pequeño Vals Sin Título A La Altura Justa de Tus Ojos”.
Tú y aquel bucle infinito que supuso la barrera que consiguió cortar para siempre el tránsito de la palabra Fin, que asediaba mi fortaleza insistentemente.
Gracias a Carmen Boza,
por inspirarme esta historia de amor
gracias a sus canciones;
los escondites
de las más bellas poesías.